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Carpintería
Cinco ebanistas. Estructura, frentes y cajones con cola de milano a la vista. Cada uno con su banco y sus herramientas, montando la cocina entera de principio a fin.
Empezamos en 2004 con dos bancos y una sierra prestada. Hoy somos once personas y seguimos sin subcontratar nada de lo que se ve.
Un taller que fabrica de verdad tiene un límite físico: doce cocinas al año. Ese es el número que sale de once personas trabajando en banco, sin líneas de producción y sin piezas compradas hechas. Podríamos hacer más comprando fuera. No lo hacemos.
La consecuencia es incómoda y la decimos siempre en la primera visita: hay lista de espera. La consecuencia buena es que cada mueble lo ha hecho una persona con nombre, de principio a fin, y esa persona es la que va a tu casa a instalarlo.
Trabajamos con madera que compramos por lotes y secamos nosotros, con piedra que elegimos en bloque y con latón que nos funden a medida en un taller a doce kilómetros del nuestro. Nada de eso es más barato. Es lo único que nos deja responder de la pieza diez años después.
Si algo falla, viene el mismo que lo hizo. No hay servicio técnico, no hay número de incidencia y no hay nadie a quien echarle la culpa. Eso, más que cualquier acabado, es lo que estás comprando.
Cuatro equipos pequeños que trabajan en la misma nave y se pasan la pieza en mano, sin albaranes de por medio.
01
Cinco ebanistas. Estructura, frentes y cajones con cola de milano a la vista. Cada uno con su banco y sus herramientas, montando la cocina entera de principio a fin.
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Dos marmolistas. Elección de bloque en cantera, corte en húmedo, pulido a mano del canto y rebaje del seno. La veta se numera antes de cortar para que siga su camino.
03
Un herrero y un taller de fundición asociado. Tiradores, perfiles y grifería en latón macizo, sin lacar, torneados a la medida exacta de cada frente.
04
Tres montadores con carné de instalador. Cálculo del punto de luz contra la estatura de quien cocina, cableado oculto y conexión de fontanería el mismo día.
Lo que ha cambiado y lo que no. Sobre todo lo que no.
2004
El principio
Dos socios, un local de ochenta metros en Villaverde y encargos de mobiliario suelto. La primera cocina completa llega en septiembre.
2009
La piedra
Cansados de coordinar marmolistas externos, incorporamos el primer marmolista a plantilla. Desde entonces la encimera se hace en casa.
2014
El secadero
Compramos cámara de secado propia. Dejamos de depender del punto de humedad con el que llegue la madera del proveedor.
2018
El latón
Primer tirador fundido a medida. A partir de ahí, ninguna cocina lleva herraje de catálogo.
2021
El montaje en seco
Empezamos a montar cada cocina entera en el taller antes de enviarla. Alargó el plazo una semana y redujo las incidencias en obra a casi cero.
2026
Hoy
Once personas, doce cocinas al año y la misma decisión de siempre: no crecer más de lo que se puede hacer a mano.
Diez años en estructura, frentes, cajones y herrajes: alabeos, ensambles abiertos, guías, bisagras y tiradores. La grifería, cinco años. La piedra natural se cubre por rotura de origen, no por manchas de uso, porque es material vivo y lo decimos antes de venderla.
El ebanista que fabricó esa pieza. No hay servicio técnico subcontratado, ni número de incidencia, ni centralita. Escribes al taller y te contesta una persona que sabe de qué cocina le hablas.
Guardamos el molde de los tiradores de cada proyecto y una tabla del mismo lote de madera. Si dentro de quince años hay que rehacer un frente, sale del mismo árbol.
Volvemos al año sin que nos llames, para el reapriete de bisagras y el ajuste de holguras cuando la madera ya se ha aclimatado del todo a tu casa. Va incluido.
Si no puedo mirar la pieza y saber quién la hizo, no sale del taller.
Los jueves por la tarde enseñamos la nave, los bancos y la cocina que esté montada en seco esa semana. Sin compromiso y sin presentación comercial.
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